Es muy diferente validar respuestas procedentes de una inteligencia artificial generalista, lo que requiere de un esfuerzo donde se pueden llegar a invertir las horas que inicialmente se han ahorrado, que utilizar directamente una IA Jurídica que no se contamina de internet -y que ofrece referencias directas a las fuentes originales en cada resultado que ofrece-. En este sentido, la IA Jurídica sería el pilar de las buenas prácticas para verificar y validar respuestas legales generadas por IA, ya que, desde el diseño, este tipo de plataformas se basan en una premisa: certeza jurídica.
¿Qué temas cubre el GPT jurídico para abogados en España y qué herramientas gratuitas son útiles?
Los modelos gratuitos, como ChatGPT, no están recomendados para el ejercicio profesional, debido a que pueden sufrir alucinaciones, acudir a fuentes equivocadas y plantear información obsoleta como vigente. Asimismo, la IA generalista carece de la capacidad de análisis de la IA Jurídica, y de sus funcionalidades especiales para el sector legal.
Desde ese punto de partida, no se puede afirmar técnicamente que exista un "GPT jurídico" de calidad, amplio y fiable para abogados y juristas; las inteligencias artificiales de estas características -legales y gratuitas- son muy pocas, y dirigidas a usuarios particulares para consultas domésticas. Un ejemplo de ello es Álex, o también Justicio.
¿Qué limitaciones legales tiene usar IA en abogacía y asesoría jurídica?
Además de lo fundamental, que es trabajar con veracidad y criterio, el pilar aquí es poder asegurar el secreto profesional y la confidencialidad de los datos. Y cuando un abogado utiliza una inteligencia artificial de uso público o generalista para redactar un escrito o resumir un caso introduciendo datos reales, a menudo está cediendo esa información a servidores externos para reentreamiento de la IA.
Esto supone una vulneración directa del secreto profesional y del RGPD (Reglamento General de Protección de Datos), ya que se está compartiendo información reservada de terceros sin su consentimiento expreso. ChatGPT, de hecho, es transparente en este asunto y advierte que no cumple con las exigencias del RGPD.
Aquí es donde herramientas especializadas como la IA Jurídica GenIA-L, de la editorial Lefebvre, marcan la diferencia: operan bajo estándares de cumplimiento normativo estrictos, asegurando la confidencialidad y la protección de los datos sensibles del cliente.
La gran limitación legal es que la comodidad de la tecnología nunca puede anteponerse al secreto profesional ni a la privacidad del cliente. Y en cuanto al rigor normativo y a las fuentes jurídicas (y las decisiones que se pueden tomar a propósito de ellas), la máquina no debe decidir sobre el caso; el abogado sí, como establece también el IA Act o Ley de IA. La IA Jurídica ha de ser solamente un copiloto efectivo y fiable. Si el profesional no puede auditar ni trazar de dónde sale un argumento, está cediendo su criterio ético e intelectual a un algoritmo.
¿Cómo está evolucionando la IA en el ámbito del derecho y qué riesgos éticos existen?
La IA Jurídica no para de crecer y mejorar; los proveedores trabajan para que sus sistemas sean competitivos y evolucionen rápidamente. Actualmente, los profesionales del derecho pueden contar con soluciones como GenIAL, que analizan casos complejos y aportan informes completos basados en fuentes fiables, y no solo responden a preguntas simples.
En este panorama, la certeza jurídica es un imperativo: si un abogado presenta un escrito con sentencias fantasma o artículos derogados vulnera el código deontológico y, en consecuencia, puede sufrir un deterioro instantáneo de su prestigio -ante los clientes y ante los tribunales-, e incluso sanciones. En paralelo, en lo que respecta a la toma de decisiones, delegar esa labor a la inteligencia artificial demuestra dejadez y falta de diligencia.
Por todo ello, para proteger la marca y trabajar con sentido ético, lo idóneo apoyarse en tecnología como la IA Jurídica, que como copiloto inteligente potencia el criterio del abogado en lugar de suplantarlo.
Las 5 mejores prácticas para validar respuestas legales generadas por IA
Una vez aclarados los aspectos previos sobre las limitaciones de la IA generalista y los cánones que deben respetar los letrados, se pueden conformar cinco buenas prácticas a la hora de trabajar con respuestas no humanas:
Seguir la trazabilidad: en la inteligencia artificial jurídica, el usuario puede navegar por las fuentes con enlaces directos, para comprobar todos los detalles que necesite sin salir de la plataforma -en caso de que esta sea de calidad, como GenIA-L de Lefebvre-. Por ello, la primera de las recomendaciones sería visitar las referencias asociadas al contenido que se va a utilizar.
Personalizar el resultado final: el verdadero filtro consiste en que el jurista valide el texto (por ejemplo, la contestación a una demanda) bajo su criterio ético, su experiencia en los tribunales y su conocimiento de las circunstancias del cliente. Debe ser, en definitiva, el titular de su práctica jurídica.
Analizar desde todas las ópticas: las IAs jurídicas reconocidas tienen una función de preguntas y respuestas sobre un planteamiento concreto, y de argumentos y contraargumentos. Esa es otra buena práctica que debe tener presente el profesional: ayudado o no por la tecnología, debe pensar en la otra parte (adversario del cliente, abogados contrarios, jueces...) y buscar los posibles puntos débiles.
Verificar, si procede, si se está aplicando el derecho autonómico o foral correspondiente: si el caso está sujeto a una legislación autonómica (por ejemplo, derecho civil catalán), es indispensable asegurarse de que la fuente legal empleada por la IA corresponde a ese ámbito territorial.
Vigilar de cerca plazos procesales y caducidades: corrobora personalmente los plazos procesales y administrativos a los que tienes que ajustarte.
El caso "opuesto": la capacidad de la IA Jurídica para validar los documentos del abogado
En el momento de trabajar con inteligencia artificial jurídica, el usuario cuenta, como avanzábamos antes, con posibilidades ligadas íntimamente con la labor de un abogado o asesor jurídico.
Muchas de ellas poseen una capacidad de validación que se ofrece en el sentido opuesto: de la IA (siempre jurídica) al usuario, y no al revés.
Ejemplo: cómo comparar cláusulas con convenios mediante IA y así validar contratos
En el terreno laboral, por ejemplo, una IA Jurídica como GenIA-L es capaz de comprobar si un contrato es correcto o no según el convenio colectivo, y si contiene cláusulas incorrectas. En la misma línea, puede, además de modificarlas, crear cláusulas no incluidas en el texto contractual.
Esta manera de validar contratos hace mucho más fácil la práctica de un experto en derecho laboral, como si operase con una IA laboral, aunque a día de hoy no es necesario buscar esta tecnología específica, ya que las grandes soluciones para el sector legal comprenden todas las especialidades.
Caso real en GenIA-L
La IA Jurídica de la compañía Lefebvre prepara un informe de adecuación cuando el abogado adjunta un contrato y el convenio colectivo aplicable.
Por ejemplo, el letrado o asesor sube el borrador de un contrato para el nuevo empleado de una imprenta, así como el PDF del convenio actual de estatal de artes gráficas, manipulados de papel, manipulados de cartón, editoriales e industrias auxiliares. Y si necesita más documentos para el análisis, en GenIA-L puede cargar hasta cinco.
El sistema, a continuación, contrasta las condiciones pactadas con las exigencias concretas del convenio, incluidas las materias que este ordene reflejar en el contrato y las tablas salariales. Para este objetivo, lleva a cabo diferentes tipos de análisis (sobre la retribución, la jornada, etc.)
Después, proporciona el informe de adecuación con todos los elementos a suprimir, modificar o añadir.
En esta muestra, GenIA-L detecta que, "en el alcance de contratación y cese examinado, no se establece preaviso para la dimisión; la mención a la falta de preaviso se refiere únicamente al período de prueba, en la cláusula cuarta".
Informa de ello (entre otras irregularidades identificadas) y, junto a la alerta, propone el redactado idóneo: La persona trabajadora que desee cesar voluntariamente comunicará su decisión por escrito a la empresa con el preaviso que corresponda a su encuadramiento profesional conforme al artículo 6.2.5 del convenio colectivo estatal de artes gráficas. El plazo aplicable al puesto {{puesto y encuadramiento}} es de {{plazo convencional correspondiente}}.
Los resultados, para una mejor comprensión, se exponen en formato tabla.
Este posible caso, que se encuadra en el área laboral, es una prueba de cómo, si se trata de validar resultados arrojados por GenIA-L, no solo es relevante la verificación de respuestas con leyes y jurisprudencia trazables, sino que es posible que la propia IA valide documentos específicos, gracias a ser una inteligencia artificial jurídica experta.